Mucho Cloud y poca Rain

El sector de las Tecnologías de la Información necesita un psicólogo de forma urgente. Cada cinco años entra en una especie de frenesí para reinventarse con algún tipo de revolución tecnológica de la que siempre se afirma que será la única posible en el futuro inmediato. Ya ni siquiera se la califica como el siguiente paso tecnológico, sino que es el definitivo, y más allá de ello sólo tendremos la nada.

Gemidos tecnológicos, onanismo marketiniano y polvo mediático en una orgía organizada por un selecto club de gurús, grandes fabricantes y consultores iluminados. Y con un gran componente exhibicionista en el que los voyeurs somos las pymes.

Y a tenor del bombardeo continuado al que estamos sometidos, parece ser que el último encuentro preparado para este tipo de fiestas liberales es el del Cloud Computing. Nacido prisionero de su propia espiral paranoide y sin tener en cuenta la constante perdida de credibilidad y de prestigio que está sufriendo el sector,  y esto sin contar el dinero que acaba costando estar apuntándose continuamente al último desmadre tecnológico organizado.

Una realidad en la que se están centrando demasiadas expectativas, y algunas demasiado interesadas

Lo cierto es que detrás del Cloud Computing hay todo un nuevo modelo de negocio en el que muchos parecen empeñados en hacernos creer en su bondad absoluta, al margen de la objetividad  y anclado en un “no future after me” cuanto menos estúpido. Pues eso. Que mucha nube, pero en la realidad poca lluvia.

Que el Cloud Computing tiene un futuro y posibilidades de negocio es cierto, pero con ello no hemos inventado la rueda. En principio porque aún no nos estamos poniendo de acuerdo sobre que significa y que incorpora, aunque todos coincidan con su éxito definitivo a corto plazo. Y pobre del que diga lo contrario, porque en este mundillo globalizado el pensamiento políticamente incorrecto y a contracorriente acaba siendo demonizado y exorcizado por el fuego, como en los mejores tiempos inquisitoriales.

Quiero decir con ello que, más allá de los mensajes evangelizadores, la actual situación económica nos obliga a bajar del Parnaso tecnológico para caminar sobre la dura y desolada realidad, a pesar del continuo ruido de fondo mediático y publicitario.

La realidad es que el Cloud Computing tiene una serie de ventajas incuestionables como son la disponibilidad, la rentabilidad por ahorro de costes y… poco más que no tengan otras tecnologías relacionadas con el software de gestión empresarial.  Pero este modelo no sirve para todo, ni para ciertos escenarios, ni para resolver ciertas incertidumbres. Que yo sepa, hasta la fecha el Cloud Computing no ha sido capaz de dar respuesta a todos los requerimientos exigidos por las pymes para optar por este modelo de “servicio”. Me refiero a la seguridad de los datos críticos, a la parametrización, a la adaptabilidad y/o a la verticalización, entre otros.

Y si nos referimos al canal de distribución, se habla mucho de los servicios de valor añadido que se pueden generar, pero tampoco se concreta demasiado si dichos servicios se han diseñado para el canal o para aumentar exclusivamente el volumen de negocio del fabricante.

Quizás el gran argumento de venta del Cloud Computing es la externalización de los servicios en una etapa de precariedad económica en la que la reducción de costes operativos es fundamental. A su potenciación ayuda la cada vez más presente virtualización, la mayor capacidad de Internet y el progresivo declinar de los grandes departamentos informáticos dentro de las empresas.

Soy un firme creyente de que el Cloud Computing y el software como servicio han venido para quedarse, para transformar los modelos de negocio actuales, para aportar unas ventajas interesantes de las que no disponíamos hasta la fecha. Pero no es un modelo válido para todos, ni sirve para todo.

Probablemente convivirá con los modelos de negocio tradicionales de licenciamiento y de software propietario, porque la cultura de propiedad en las pymes está muy arraigada y el tener datos críticos y confidenciales en una “nube”, como mínimo provoca no pocas reservas.

Queda mucho por hacer para que este modelo esté a la altura de las expectativas que se han levantado. Definir exactamente sus límites, saber en profundidad sus ventajas y sus desventajas, establecer su forma de comercialización y determinar el papel del canal de distribución en todo ello.

En este sector muchas veces el marketing va tan por delante de la realidad que no puede dar respuesta a los aspectos más básicos que se demandan. La necesidad de conseguir beneficios económicos a cualquier precio de las grandes multinacionales del sector, el apoyo mediático y las investigaciones de mercado más o menos tendenciosas, amén del seguidismo inconsciente de los segundos y pequeños fabricantes, hacen que esta nube traiga menos lluvia de la que parece.

Lo dicho. Demasiado Cloud para tan poca Rain. Por ahora.

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