Invertir en un ERP en tiempo de crisis

Por mucho que aconsejen las grandes escuelas de negocio, la realidad es que cuando los resultados de la empresa no van bien la primera tendencia es reducir costes allá donde se pueda. En marketing, en personal, en infraestructura tecnológica… Pero lo cierto es que muchas de estas medidas son abordadas desde el cortoplacismo y no garantizan una mejora sustancial de la situación de la empresa, y más cuando esta es una pyme.

Porque muchas veces la solución a una situación delicada es  mejorar la eficiencia, la productividad y controlar al máximo nuestra situación de stocks. ¿Pero cómo? Contar con un ERP es el medio idóneo para organizar la empresa de forma óptima, racionalizando los procesos y disponiendo de información en tiempo real que permita tomar decisiones de forma rápida y acertada.

Veámoslo de otra manera. ¿Qué ocurriría si nosotros continuáramos trabajando con nuestros programas de contabilidad y gestión de almacén no integrados o con nuestras hojas de cálculo y nuestros principales competidores implantaran un ERP, en el que todas las áreas de negocio estuvieran integradas?

Probablemente en menos tiempo del que se espera, el grado de rentabilidad y productividad de la competencia aumentaría respecto al nuestro y pronto tendríamos que plantearnos dedicarnos a otros menesteres.

Es que ya tampoco se trata de automatizar tareas, gestionar stocks o controlar la producción. Un ERP nos permite recabar y organizar toda la información generada por la empresa para convertirla en indicadores claves de negocio y gestionar y dirigir nuestra compañía a los objetivos que nos hayamos marcado.

Y ya no nos sirve de excusa los tan manidos argumentos de que un ERP es únicamente para grandes empresas y que son tremendamente caros. Existe en estos momentos una amplia oferta de fabricantes que ofrecen ERP’s estandarizados, pero con una gran capacidad de parametrización, que ofrecen una relación prestaciones-precio más que satisfactoria y que pueden ofrecernos un retorno de la inversión sumamente interesante.

Un ERP correctamente implantado puede reducir nuestros stocks e inventario entre un 20 y un 25%, al tiempo que los costes operativos y administrativos pueden descender entre un 15 y un 20%, en los primeros meses de la puesta en marcha.

También es cierto que el impacto que supone para las pymes implantar un ERP puede resultar todo un reto, tanto en inversión como en reorganización de la empresa, pero también es una de las decisiones a tomar que mayor valor cuantitativo y cualitativo nos puede aportar a nuestra competitividad y nuestra superviviencia en el mercado.

Si la entrada de los ordenadores y la tecnología en la empresa supuso una auténtica revolución en cuanto a reordenamiento de los procesos de negocio, hoy en día el ERP es el siguiente paso para conseguir una empresa eficaz, eficiente y productiva.

Y en esto no importa el tamaño. Empresas grandes, pequeñas e incluso micropymes pueden hoy en día disponer de las mismas herramientas y de las mismas tecnologías para mejorar su capacidad competitiva en un mercado casi totalmente globalizado y en el que la capacidad de diferenciación cada vez es menor.

Es una cuestión de supervivencia empresarial a la que no podemos dar la espalda. Invertir en un ERP en estos momentos puede ser la diferencia entre el ser o no ser de la empresa

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