Hasta no más ver Ley Sinde

Por sólo dos votos de diferencia la Comisión Parlamentaria del Congreso de los Diputados ha tumbado la Ley Sinde, en homenaje de la Ministra y artífice de una normativa que ha sido contestada desde casi todos los ámbitos: Ángeles González-Sinde.

Una ley denostada por los Internautas al querer establecer como norma el cierre discrecional de las webs de descargas.

 Contestada por los ciudadanos por verla más cercana a los intereses de las Sociedades de Autores, discográficas y empresas cinematográficas, mundo este último del que ha vivido profesionalmente la ministra antes de asumir un cargo público. Y desde todos los lados por intentar aprobarla camuflándola dentro de la Ley de Economía Sostenible, aprovechando una estrategia legal para aprobarla sin ser debatida en el Congreso. En otras palabras, aquí se estaba aprobando una ley por la puerta trasera, como una disposición adicional de otra ley mucho más importante y estratégica para el futuro económico de nuestro país.

No es este blog un espacio para discusiones políticas y tampoco lo va a ser en esta ocasión. En el fondo de lo que se está tratando es, ya no tanto de la libertad del individuo, sino a su derecho al acceso a la cultura y a toda expresión cultural. Es un derecho inalienable del ciudadano y que no se está cumpliendo. La verdadera revolución de internet es que la tecnología ha posibilitado el acceso a la información y a la cultura para todos.

¿Hay que pagar por acceder a la formación y a la cultura a través de Internet? Creo que, desde el momento que se aprobó el pago del canón digital, la factura ya está pagada y más que de sobra, digan lo que digan las sociedades de autores que, mal que les pese, han vendido una imagen mercantilista, codiciosa en extremo y de defensa de unos intereses empresariales que no han querido o no han sabido adaptarse a los nuevos modelos de negocio que ha traido consigo Internet.

No es de recibo que la cultura y el acceso a ella esté permitida únicamente para aquellos con medios para adquirirla. Probablemente muchos ciudadanos no podrán asistir nunca a una ópera, ni comprar todos los libros que quieren leer, ni asistir a conciertos de música o al teatro. La cultura, que no es lo mismo que la educación, sigue siendo un coto cerrado a aquellos que no disponen de medios económicos para alcanzarla. El acceso a la información, el descargarse obras de arte, novelas, música y películas, estoy firmemente convencido de que ha de estar disponible para todos. En todo caso nunca sustituirán a disfrutar de una obra de teatro en directo, a tener entre tus manos un buen libro, o asistir a un concierto en vivo, o ver una película en una gran pantalla y con sonido envolvente, a pasear por una sala de arte casi tocando las obras o a vivir una velada en la ópera. ¿Porqué la cultura ha de ser un negocio más allá de esto?

Por otro lado Internet también ha democratizado la creación cultural permitiendo dar a conocer sus obras a gente que no pasa el filtro de las grandes empresas culturales y su monopolio o a aquellos que siempre quedan fuera de las subvenciones públicas. Cultura y negocio no es un matrimonio indisoluble.

La Ley Sinde también tenía un componente maquiavélico que no ha quedado tanto en manifiesto. Sí se cierran páginas webs por ofrecer información y cultura protegida por los derechos de autor, cualquier web con contenidos puede ser cerrada por la propia arbitrariedad de los poderes públicos. En definitiva, la instauración de la censura y el control del medio y de los contenidos por parte del Estado.

A fuer de sincero, la Ley Sinde ha sido un verdadero escándalo en la que ha primado más la defensa de modelos de negocio que las tecnologías han dejado obsoletos y la avaricia recaudatoria de las sociedades de autores. Sin contar las maniobras tramposas y despreciables utilizadas para aprobarla y, lo que nos faltaba para rematarla, la filtración de Wikileaks sobre las presiones del gobierno estadounidense para que se aprobara.

Por ahora, los que estamos por la libertad a Internet y el acceso directo a la cultura hemos ganado esta batalla, pero no la guerra. Lo seguirán intentando y, si no es de una manera, lo será de otra. Demasiados intereses en juego.

Esta entrada fue publicada en Jaume Barris, Opinión y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

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