Marketing emocional en tiempos de crisis

Para que luego digan que el marketing no está a la que salta. Si hasta hace poco las bondades, características o beneficio del producto o servicio eran lo importante a comunicar, ahora parece ser que está pasando a segundo plano e intentamos captar a nuestro público objetivo por las emociones, y estas se convierten en el motor de nuestros mensajes, más allá de las llamadas a las buenas intenciones y a la solidaridad de escaparate.

No nos engañemos. Las cosas están muy mal, tanto en términos económicos como sociales. El desánimo se ha adueñado de nuestras vidas y es un espíritu que empieza a formar parte de nuestra cotidianidad, da igual si es a título personal como si somos una empresa. No gastamos, no consumimos, aunque podamos, porque la incertidumbre del futuro inmediato nos tiene acogotados y paralizados.

Y como empresas necesitamos ganar nuevos clientes y evitar por todos los medios perderlos. Es de lección básica que la fidelidad de los clientes, independientemente de su satisfacción con nuestros productos y servicios, necesita de algo más. De un componente emocional que le vincule con la marca y reafirmar aquellos valores que le llevaron a elegir esa marca en concreto y no otra.

Es ahí donde entra el marketing emocional. Ya no se trata de vender coches apelando a nuestro espíritu aventurero, al “te gusta conducir” o elevar nuestro ego con chicas despampanentes que caen rendidas a nuestros pies gracias al perfume de nuestas axilas. Eso es marketing aspiracional. Pero ya no estamos por comprar coches, ni por usar desodorantes de marcas.

Lo que el cliente necesita en estos momentos es elevar su autoestima, fortalecerse ante una situación adversa, convencerse de que más allá de la realidad vivida hay un horizonte de posibilidades y que con esfuerzo, unidad y alguna pequeña ayuda nada es imposible. Eso es marketing emocional.

El ejemplo por antonomasia de este concepto es el anuncio de Coca-Cola que pasaron hace unos meses.  Imágenes de la selección española recibiendo patadas en el campo, hooligans contrarios amenazantes, escenas de caos en las calles, titulares dramaticos sobre la economía de nuestro país, laBolsa por los suelos… Y de repente pasamos a ver escenas del 15M, nuestras acciones solidarias, aquello que estamos haciendo realmente bien. Y acaba con un mensaje: “Vamos a demostrarles a Europa de lo que somos capaces cuando estamos juntos. A por ellos”. Marketing emocional puro y duro.

Ya no hay sitios para los espacios idílicos, porque estos están dejando de existir. Ahora es el momento de conectar con nuestros clientes emocionalmente, convencerles de que juntos todo es posible. A por ellos.

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