El pánico al cambio (Críticas crónicas XI)

gestión del cambioCuando existen cambios organizacionales “algo se muere en el alma” de cada uno de los afectados por los mismos. Para unos supone una amenaza, para otros una oportunidad y para muchos resulta un periodo de incertidumbre en el que impera lo de “virgencita déjame como estoy”. Lo cierto es que el cambio supone un abandono de la zona de confort en la que estamos cómodos, para pasar a un espacio de sombras, incertidumbres y amenazas, reales o imaginarias.

Como todo, esto depende de la actitud vital de cada uno. Para unos puede ser una oportunidad de crecimiento y de mejora y para otros la aparición de nuevos problemas potencialmente desconocidos. Esto va asociado a la naturaleza humana. Unos se crecen con los cambios, aunque estos puedan parecer a priori negativos, y otros se lanzan a un peregrinaje de esfuerzos y maniobras para que ese cambio les afecte lo mínimo posible. En realidad es hablar de tener una lectura positiva o negativa de cualquier acción que cambia nuestro entorno laboral.

¿Que razones provocan que rechazemos los cambios y nos resistamos a ellos? La primera es que el cambio raramente proviene de nuestra reflexión, sino que viene impuesto y no tenemos ningún margen de maniobra para evitarlo.

La principal razón es que muchas veces nuestro trabajo, salvando todas las distancias, constituye una rutina diaria, en que todas las situaciones están controladas y eso te confiere tranquilidad y confianza. Los cambios suponen adentrarse en una zona desconocida, con una mayor complejidad del trabajo, se acaba la rutina y se modifican las relaciones. En definitiva, abandonamos nuestra zona de tranquilidad.

La segunda es que cualquier cambio supone el riesgo a fracasar, al desconocimiento de parte de las nuevas tareas y a la intranquilidad que produce cuando no sabes si este cambio puede significar una promoción o una bajada del escalafón.

Otro motivo de resistencia es que muchas veces aceptar el cambio puede implicar que algo se estaba haciendo mal, con lo que conlleva perder nuestra aureola de trabajador eficiente y de éxito. Muchas veces no es así y esta actitud psicológica nos lleva al masoquismo. Los cambios pueden ser para mejorar la organización empresarial, por avances tecnológicos, por la aparición de nuevos mercados o de nuevas oportunidades y amenazas.

No tiene sentido acunarnos en la cantinela de que cualquier cambio pasa indefectiblemente por analizar en que hemos fallado para que ese cambio se produzca. Muchas veces ni conoceremos las razones, ni tendremos margen de intervención. Entonces ¿Para qué preocuparse?

Por otro lado, un cambio implica siempre un cierto miedo a no poder asumir la responsabilidad de las nuevas situaciones. Esto va en detrimento de nuestra autoconfianza. Un cambio tiene que suponer siempre una reafirmación de nuestra profesionalidad, de nuestra capacidad competitiva, de corregir lo que haga falta, no tener miedo a introducir cambios dentro del cambio y a salir adelante.

Repito, es una cuestión de actitud; lo que no suponga una oportunidad clara, que se convierta en un reto. Y si es una amenaza… ¿Quien dijo miedo?

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Una respuesta a El pánico al cambio (Críticas crónicas XI)

  1. MARÍA LAURA FERRUCCI. dijo:

    SOLO LA MUERTE NO CONLLEVA CAMBIOS, POR TANTO ELLOS SON SINÓNIMO DE VIDA….Y PARA ACEPTARLOS CONVIENE DESESTRUCTURAR NUESTRA MENTE ESQUEMATICAMENTE ADOCTRINADA .
    MARÍA LAURA FERRUCCI. 20/3/2013.

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