Las ventajas de la evaluación de 360 grados

Es indiscutible que el gran valor de las empresas es su capital humano. En esta línea es importante medir y evaluar el desempeño de nuestros colaboradores, si llegan a los objetivos fijados para tomar las decisiones y poner en marcha las acciones necesarias para obtener mejores resultados . Sin embargo, evaluar no es tan fácil como parece porque lo estamos haciendo sobre personas con emociones, percepciones, actitudes diversas y objetivos profesionales diferentes. Y esto también incluye a los evaluadores, en el que el juicio es unilateral y puede llegar a no ser lo suficientemente objetivo.

Desde hace unos años muchas empresas van un poco más allá e incorporan la evaluación 360 grados. Es esta una herramienta de gestión del talento humano que intenta realizar una evaluación integral para medir las competencias de los colaboradores de la empresa.

La gran novedad es que la evaluación no se realiza únicamente desde el punto de vista del inmediato superior, sino que se basa en las relaciones que el empleado tiene con su entorno: esto es compañeros, subordinados, clientes internos y clientes externos.

De esta forma no sólo evaluamos las habilidades y competencias, sino también los comportamientos. Con ello se logra una mayor objetividad sobre el evaluado y nos ofrece un panorama más amplio que nos permite identificar sus fortalezas y debilidades para obtener un mayor abanico de áreas de mejora.

Por supuesto, esta evaluación debe ser totalmente confidencial, con el fin de evitar conflictos y garantizar la confianza y honestidad en todo el proceso de evaluación. Evaluamos por tanto, su productividad, su competitividad y como desempeña sus funciones en entornos que. cada vez más, tienden a ser colaborativos. Por ende, aporta puntos de vista que, muchas veces, los superiores inmediatos y colaboradores no suelen ver.

De igual manera, se evita la evaluación desde un único punto de vista, evitando percepciones personales equivocadas, desconocimiento de la labor y  la actitud del evaluado o bien puntos de vista sesgados que devalúan la evaluación del desempeño.

Por supuesto, la mayor ventaja de este tipo de evaluación es que podemos disponer de una amplia información sobre las habilidades, las competencias y especialmente los comportamientos que las organizaciones requieren para ser más productivas, más eficaces y ¿porqué no decirlo? más humanas.

El resultado es que permite al empleado evaluado conocer realmente cuáles son sus fortalezas y debilidades más allá del cumplimiento de sus objetivos y convertir este conocimiento en oportunidades de mejora y medir qué es lo que tiene que desarrollar en sus competencias para lograr sus objetivos profesionales, alineados con los objetivos de la Compañía.

De esta forma disponemos de una visión global del empleado en Saber (que tiene el conocimiento), el Poder (que cuenta con las habilidades) y el Querer (que posee las actitudes adecuadas).

 

 

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