Lealtad y fidelidad, no es lo mismo (Críticas Crónicas VII)

Hoy por hoy las empresas no dejan de hablar de ofrecer un mejor servicio, reforzar la fidelidad de nuestros clientes y la importancia del capital humano en el seno de las compañías. Sobre los dos primeros conceptos no podemos decir nada nuevo que no se haya dicho ya. Es una cantinela recurrente que parece que funciona muy bien para espolear ánimos decaidos y arengar a las huestes.

De lo que ya se habla menos es de la gestión y retención del talento. No nos cansamos de escuchar que nuestros mejores empleados constituyen la auténtica columna vertebral de nuestras empresas. Pero cuando el discurso se capilariza lo único que queda es la adjetivización. Y muchas veces, detrás del mensaje “buenista” sólo subyace el apelar a la fidelidad, pero muy pocas veces hablamos de la lealtad.

Veamos que dice Wikipedia sobre la fidelidad: La fidelidad es una noción que en su nivel más abstracto implica una conexión verdadera con una fuente o fuentes. Su significado original está vinculado a la lealtad (de una persona para con un señor o un rey) y la atención al deber. La palabra “fidelidad” deriva de la palabra fidelitas (latín), y su significado es servir a un dios.

La fidelidad es la capacidad espiritual –el poder o la virtud– de dar cumplimiento a las promesas. Prometer es una acción soberana; revela una gran soberanía de espíritu, ya que exige decidir hoy lo que se va a hacer en adelante, bajo condiciones que no se pueden prever. El que promete corre un serio riesgo porque se compromete a actuar de la forma que hoy juzga óptima en situaciones que pueden llevarle a pensar y sentir de modo distinto. El que es fiel cumple la promesa a pesar de los cambios en las ideas, las convicciones y los sentimientos, que pudiera provocar el tiempo.

Respecto a la lealtad, Wikipedia la define: La lealtad es una obligación de fidelidad que un sujeto o ciudadano  le debe a su estado, monarca o a sí mismo. Es siempre estar presente, cumplir siempre, fidelidad.

La lealtad es un valor que basicamente consiste en no darle la espalda a determinada persona, grupo social y que estan unidos por lazos de amistad o por alguna relación social, es decir, el cumplimiento de honor y gratitud, la lealtad está más apegada a la relación en grupo.

Si vemos la diferencia está claro que las organizaciones precisan de sus trabajadores lealtad, asociada a creer en un proyecto más allá de la obediencia debida, a compartir una visión de presente y de futuro, pero desde la perspectiva del convencimiento y del derecho a discrepar, más que de la obediencia debida a un rey, monarca o Dios.

Por ello es fundamental que las organizaciones fomenten el sentimiento de lealtad entre sus mejores empleados, más allá de la obediencia ciega a una serie de principios y acciones que pueden ir hasta en contra de nuestros propios valores.

Así, las organizaciones han de ser muy conscientes de que la fidelidad la podemos imponer, pero la lealtad debemos trabajarla de forma continuada, porque, no nos engañemos, en el seno de las empresas , hay personas que tienden a ser más leales que otras.

La fidelidad la podemos imponer, pero la lealtad es un sentimiento que podemos fomentar, pero que no podemos construir desde la nada. Es una posición ética que difícilmente podemos enseñar.

¿Que debemos tener para conseguir empleados leales? Únicamente un valor fundamental: reciprocidad. Si quieres lealtad sólo puedes ofrecer lo mismo. Si queremos que nuestros empleados se impliquen en la empresa, que luchen por ella, que defiendan su visión, la compañía también debe ser capaz de luchar por ellos y considerar su bienestar como su principal prioridad.

Y es una reciprocidad que no se consigue con dinero, aunque este puede ayudar a corto plazo. Pero lo que tiene largo recorrido es la aplicación de conceptos como el respeto humano y profesional, el reconocimiento del trabajo bien hecho, la justa promoción, la consideración a sus opiniones y el asumir que el desacuerdo no es una traba ni una traición, sino una preocupación genuina por la marcha de la empresa.

Para ello es fundamental la comunicación transparente con los empleados. Hacerles saber desde el primer momento que se espera de ellos, facilitarles el compartir y formar parte de la misión y la visión de la empresa, ofrecerles feedback sobre el resultado de su trabajo y como este ayuda a la buena marcha de la compañía, son herramientas que podemos utilizar para convertir nuestra empresa en más competitiva en base a tener personal leal, que no fiel.

Sólo así podremos retener talento en unos momentos en el que tanto necesitamos ser competitivos. Un hombre leal siempre estará a nuestro lado. La fidelidad siempre está sujeta a un precio, que no siempre podremos pagar.

Esta entrada fue publicada en Jaume Barris, Management, Opinión y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Lealtad y fidelidad, no es lo mismo (Críticas Crónicas VII)

  1. carlos villalobos dijo:

    saludos cordiales

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